Desde acá
Nadie puede escribir a la fuerza
la cabeza en claustro
raudas nadas del hoy
no hay luz, no hay nombres verdaderos
la realidad se vuelve jaula
sin barrotes
sin pájaro
Nadie puede escribir a la fuerza
la cabeza en claustro
raudas nadas del hoy
no hay luz, no hay nombres verdaderos
la realidad se vuelve jaula
sin barrotes
sin pájaro
Las caras embarraron su ceño
en todos los vidrios de esta fiesta ajena
ocre y pasiva, que respira conectada
que nadie controló nunca
por más semáforos que pusieron
lo mustio se pega de puerta en puerta
como una fiebre sin fiebre
que salpulle fábricas en el paisaje
y convence a los niños de rezar
antes de envolver el miedo entre las cobijas
y navegarlo secreta y lentamente
hasta quedarse dormidos
el enigma de los motivos
se responde con dinero
y el silencio acomoda todo lo demás
aquí todos caminamos
en un campo minado de carteles
atrincherados tras nuestros dientes
somos esa nata que le flota a la ciudad
que camina el tiempo entre su propia sangre
con alma de tungsteno
al borde de la propia cabeza
El viento asoleado
el que raspa su voz en los postes y luego
zumba grave en las cabeza sordas
en los techos desquebrajados del alma
en el abismo de ojos de la ruta cuarenta
el que nunca ha cruzado una flauta
y que se ha muerto de borracho
enredado en el frío de los semáforos
sin derecho a ser respirado con esperanza
el que se ha quemado mil años aguardándote
en las aceras de enfrente
y ha doblado esquinas hasta quedar deforme
que se suspira a sí mismo en los aparadores
sin que nadie lo vea
el viento de luz gris
que ha lamido hasta el odio el hollín de los camiones
las palomas, los vidrios rotos de los pisos trece
las hojas enfermas y medias rotas y gritos de mujer
subió la escalera y abrió mi puerta en un trueno divino
nos sentamos a fumar